Esto no es un cuento, es la historia real de un gran luchador

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Esto no es un cuento, es la historia real de la lucha de un amigo

Conocí a mi amigo en un curso de crecimiento personal que hice ya algunos años en Madrid. En la ronda de presentaciones de cada uno de nosotros me impresionó su historia, que nos plantó resumida, sin tapujos y provista de una verdad descarnada.

Mi amigo es una de aquellas personas a quien los años 80 pilló en plena efervescencia vital, con ganas de experimentar todo aquello que durante años había estado prohibido: el sexo, las drogas y el rock & roll. Estudió diseño gráfico y empezó a colaborar con las revistas de comics del momento haciendo unos dibujos transgresores y poniendo sobre la palestra todo lo que en aquel momento de primera libertad era tabú: la homosexualidad, la transexualidad, la bisexualidad, el porno…Inmediatamente también se interesó por el cine, organizó un festival…En resumen, estaba metido de lleno en aquella explosiva Movida Madrileña que revolucionó este país pero que también a muchos les marcó su existencia de una manera muy negativa. Él es un superviviente de aquellos tiempos, que en ese momento en el que se presentó nos dio unas cuantas pinceladas de cómo había superado su adicción a todo tipo de drogas y había conseguido estabilizar más o menos su vida, después de haber sido verdugo y víctima de la desintegración de su familia. Era un chorro de vitalidad, de fuerza, de esperanza para todos los que estábamos en aquella sala, cada uno con su historia particular.

También recuerdo que después de que cada uno contáramos nuestra razón de estar allí hicimos el ejercicio de resumir en pocas palabras, como las etiquetas que le ponemos a los contenidos en internet,  la historia de cada uno de los miembros del grupo. Cuando él me definió a mí, dijo algo así como “eres la fuerza indómita y la encarnación del espíritu libre”. Me quedé atónita, puesto que yo en aquel momento me sentía como una pequeña hormiga que lleva una piedra atada a la espalda y no puede ni moverse. No entendí como aquel hombre, grande como un oso y cuyo relato me había impresionado tanto podía decir eso de mí. Me avergoncé de quejarme, de regocijarme en mi papel de víctima y pensé: Bettina, qué suerte has tenido en la vida.

A lo largo de aquellos meses en que nos encontrábamos una vez por semana fue creciendo nuestra amistad, entendimos y reconocimos que éramos almas gemelas. Aprendí muchísimo de él, de su sensibilidad, de su manera de enfrentar las cosas y los momentos duros de la vida, me contagió su vitalidad, me enseñó a asumir mi manera de ser, mi propia sexualidad, aprendí mucho sobre cine, pero sobre todo, de las cosas sencillas de la vida que cada día pueden hacer que te ilusiones.

Mi amigo no tenía un duro propio, convivía con una mujer que era directora de marketing en una gran empresa, miembro de lo que se viene a llamar  “una buena familia” de uno de los barrios más pudientes de Madrid. A mi me resultaba increíble cómo una mujer podía compaginar su vida trepidante de ejecutiva en una multinacional y su familia conservadora con la relación de pareja que mantenía con mi amigo, un hippie izquierdoso, provocador, rebelde, creativo, culto, con alma de niño y solidario. Yo la apreciaba a ella también mucho, pero estaba claro que en algún momento aquella pareja estaba avocada a romperse, a pesar de que llevaban más de 10 años juntos. Una persona con los chakras tan disociados tenía que petar en algún momento.

Mi amigo perdió su estabilidad económica y cuando se rompió la relación resurgió de sus cenizas al cabo de dos semanas de la ruptura y reorientó su vida con una claridad meridiana. Juntó sus últimos ahorros y apostó por lo que más quería hacer en este mundo: ser director de cine. Él venía tiempo haciendo sus pinitos grabando cortos con una cámara de fotos como las que tenemos tú y yo para irnos de vacaciones y registrar los momentos bonitos en unas cuantas imágenes. Me había pedido que participara como extra en alguno de ellos y un día, que de hecho fue al poco de que su mujer le abandonara, le fui a buscar a su casa para que me ayudara a grabar un video que yo quería hacer sobre el Solar Decatlon para ilustrar un artículo que estaba escribiendo. Aunque estaba hecho polvo se levantó de la cama y me hizo el favor de acompañarme para grabar el video. Ahí me di cuenta realmente del talento que tenía, no solamente para filmar, sino de su maestría para aprovechar cuatro recursos, organizar correctamente las tres horas de trabajo que nos quedaban antes de que cerrara el evento y cayera el sol, para que luego el trabajo de edición fuera sencillo y pudiera hacerlo en los tres siguientes días, que yo tenía para publicar el video y que aún fuera noticiable.

Días más tarde me llamó todo excitado para contarme que se había matriculado en una escuela de cine para hacer un curso de dirección. Estaba absolutamente entusiasmado y lleno de esperanza, motivación y alegría. Yo, en mi espíritu práctico pensé para mí: “madre mía, sí que tiene huevos este hombre de 50 y pico años, recién abandonado por su mujer, y que invierte los cuatro duros que tiene en cumplir el sueño de su vida”. Las únicas dudas que él tenía era cómo se iban a tomar sus futuros compañeros tener un compi de clase que les llevara 30 años de edad. Yo le dije que “lo que realmente importa es el espíritu que tú tengas y nadie va a estar tan motivado como tú, que lo que estás haciendo es cumplir un viejo sueño en lo que se supone que es el penúltimo tramo de la vida”. También fue por entonces cuando empezó a colaborar con una ONG que se dedicaba al reparto diario de raciones de comida entre los indigentes y sin techo de Madrid. Cuando me hablaba de sus paseos diarios por la ciudad a las tantas de la madrugada repartiendo comida y ánimos a los transeúntes sin hogar, se indignaba de la poca implicación  que tenían algunos de sus compañeros de la ONG, que no tenían constancia para salir y en cuanto llegaba el fin de semana se iban de marcha y olvidaban que habían quedado para su labor de filantropía. Yo le decía que no podía ser tan exigente, que no todo el mundo podía tener el mismo grado de implicación que él que había vivido algunas de las mismas experiencias de la gente a la que ayudaba en primera persona.

Al poco tiempo yo me marché de Madrid, de vez en cuando contactábamos, pero hasta hace unos días había perdido su pista.  Le había incluido entre las personas a las que envié el mailing de mi último cuento y se produjo la gran sorpresa: mi amigo me escribió deseándome todo lo mejor para mi blog y enviándome un videoclip que había hecho. Cuando lo visioné vi que era un corto sobre su reciente historia, pero no pensé para nada que la última parte del corto fuera real. Como bien se dice muchas veces, la realidad supera la ficción. Colgué su video en mi Facebook  pensando que se trataba como de una denuncia alegórica de los tiempos actuales, pero no pensé que era el grito de socorro de un amigo.

Hoy me ha escrito de nuevo y me ha contado su situación: a punto de ser desahuciado, grabando una serie para internet sin apenas recursos…

Me ha puesto los pelos de punta y no he podido quedarme ajena a su amarga historia, por lo que he hecho lo poco que sé hacer para intentar ayudarlo: escribir su historia y pediros vuestra ayuda  para su proyecto, para que el talento de este hombre no se quede enterrado por que pierda el techo bajo el cual vivir.

Hace semanas os envié un mail pidiéndoos que si alguno conocíais una ONG o un proyecto con el que tuviérais algún tipo de relación  personal,me lo enviárais para colgarlo en mi blog y desde él pedir aportaciones al mismo a través de la lectura de mis cuentos. Bueno, creo que ya he encontrado la primera causa por la que luchar.

Os pido una aportación económica para él y el equipo de artistas que están colaborando en esta serie, de la que aún no tengo datos, pero me da igual, porque sé que será algo bueno, un poco frikie quizás conociendo a mi amigo, pero que seguro que no dejará indiferente a nadie.

Si no podéis colaborar económicamente, os pediría un minuto de vuestro tiempo para insuflarle ánimos a mi amigo, para que no piense que el mundo es una mierda y que la gente no tiene sentimientos.

A los que sois artistas, actores, escritores o tengáis algún buen contacto/consejo/página web o productor os pido que se lo deis a mi amigo a través de la opción de hacer comentarios en su video. Si también podéis ayudarlo difundiendo este mensaje en vuestro Facebook, twitter o cualquier otro medio también será bienvenido. Él seguro que os lo agradecerá.

Gracias a tod@s de antemano por ser humanos.

Si queréis hacer una aportación, os pido que me enviéis un mail para que os pueda dar su número de cuenta bancaria. Ya sé que no hago más que pedir, pero hay muchas causas y razones para hacerlo, entre otras, que os sintáis bien por hacer algo positivo por una persona extraordinaria, aunque no la conozcáis personalmente.


Nota: el protagonista que aparece en el video no es mi amigo, es un actor.

http://www.lasteles.com/es/peliculas/SEPTIMA-ARS/video/1941

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Un pensamiento en “Esto no es un cuento, es la historia real de un gran luchador

  1. La mejor ayuda es bendecir a la persona y mostrarle.un espejo.

    La vida tan sólo refleja el contenido de nuestra conciencia.

    Los que buscan fuera, continuarán buscando por los siglos de los siglos.

    A esta persona, si desea ayuda, sólo puedo recomendarle un libro, El Proceso de Presencia, que le ayudará a separar la paja del trigo.

    El idealismo va de la mano del drama. En la aceptación no hay “idealismo”, no hay una historia excitante… Pero los cambios que surgen de la aceptación son de verdad.

    Bendita la Luz de vuestros/nuestros corazones.

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