Santander se renueva

Cierto político puso a Cantabria en el mapa turístico español a través del Cantabria Infinita, las anchoas y los viajes en taxi a la Moncloa, pero no es el objetivo de este post contar cómo nuestro presidente se convirtió en adalid de la promoción turística de nuestra tierruca.

Desde que hice el camino de retorno a casa desde Madrid, descubro una Santander renovada, donde ese aire elitista de ciudad señorial está dejando paso a pequeños codazos a las iniciativas culturales y artísticas de los creadores santanderinos que no bebieron de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, el Festival Internacional de Música y Danza de Santander, la Fundación Albéniz o la Fundación Marcelino Botín, que con ser instituciones de prestigio internacional reconocido y que sin duda han ayudado a muchos cántabros a desarrollarse, siempre han tenido un toque elitista. Por suerte, vemos cómo Santander evoluciona, está empezando a ser una ciudad donde lo popular y lo participativo va cobrando importancia y se hace algo más de caso a la parte de Santander que no es su Paseo de Pereda, el Paseo de Reina Victoria que, por cierto, puede alardear de ofrecer las mejores vistas sobre una de las  bahías más bonitas del mundo  y otros atractivos paisajísticos que tiene nuestra ciudad. Santander se reinventa y está apostando fuerte por la candidatura a Ciudad Cultural Europea 2016. Si planeáis un viaje relámpago a Santander, pensad enDesvelarte, una de las propuestas santanderinas para la Noche en Blanco del 20 al 26 septiembre. Este festival se enmarca dentro de las actividades de la Fundación Santander 2016. Mi puebluco ya no sólo tiene actividad cultural compulsiva en verano, ahora que llega el otoño también hay alternativas y se trabaja por sacar las propuestas artísticas locales e internacionales a la calle, la innovación y la provocación inteligente llegan a Santander, remueven el pensamiento de esta ciudad un poco dormida y ayuda a que los sábados y domingos no solo sean para pasear por el muelle, Reina Victoria o tomar unos pinchos en el Río de la Pila o en el resto del casco viejo (que por cierto, nada tienen que envidiar ni a los de Bilbao ni San Sebastián). El otro día hasta descubrí a un par de guiris en mi barrio que hacían fotos desde el final de una de esas empinadas escaleras que dan acceso a los barrios altos de la ciudad, donde empezamos a tener mejores servicios y un funicular ayuda a que los santanderinos del “alta” podamos llegar a nuestra casa sin ahogarnos por el camino. No lo digo tanto por mí que por supuesto estoy en una forma física envidiable (je, je) sino por los miles de personas ancianas y con niños que viven por aquí arriba y tenían que subir a pelo las cuestas “pindias” que han ensanchado sin duda su capacidad pulmonar. Sin embargo, otra cosa no tendremos en mi barrio, pero desde nuestra ventanas también vemos una de las bahías más bonitas del mundo!

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