El pescador de sueños

Esperé, sin importarme el tiempo, a que llegaras a mi lado, junto a esta chimenea y comenzaras a contarme aquel cuento en que el unicornio me empujó, con su cuerno de marfil, a contarte la historia del niño del pelo ensortijado…me dijo Juan Francisco Santana al llegar a mi rincón a calentarme después de un paseo por una fría playa del norte. Me quité las botas, me senté sobre un cojín a la manera de los indios y tras darle un sorbo a la taza de té con ron que me acababa de ofrecer mi amigo comencé a contarle la historia pausadamente, mirando ambos ensimismados al crepitante fuego.

Me llamo Enfant, de apellido Terrible. Hoy fui a jugar con las olas mientras la luna, escorada a medias hacia poniente, alumbraba mi pulso con el mar. De repente, se me cayeron todos mis juguetes al agua:  un unicornio azul de marfil, un caballito de mar de madera, una sirena juguetona que guiñaba el ojo y mecía su rubia melena al viento, una tortuga que desesperada nadaba con sus patitas y que en realidad en la playa quería desovar sus crías, un burro de plástico marrón que ya no daba coces y realmente era la viva imagen de Platero y cómo no, mi patito de goma que más bien parecía un cisne salido de un lago.

Las olas se llevaban los juguetes mar adentro, cada vez más adentro mientras se desintegraban en el agua como una ilusión óptica. Desesperado me senté en la orilla y me eché a llorar, pues parecía que había perdido mi infancia, yo que me llamo Enfant…de apellido Terrible.

Al rato comenzaron a llegar a la orilla otros objetos, que parecía que hubieran sido arrastrados por alguna tempestad o fueran los restos de una goleta atacada por los piratas: una red, una espada rota, un libro cuya tinta milagrosamente no se había diluído en el mar, una pluma y finalmente una botella. Un momento…¡la botella llevaba un mensaje!

Alcancé a repescarlo todo y poner a salvo el botín en tierra firme y seguidamente me dispuse a sacar el canuto de papel de la botella. Lo desenrollé con sumo cuidado y pude leer el siguiente mensaje:

“Amigo o amiga pescador, te agradezco que me hayas encontrado. No sé si se producirá el milagro que yo imaginé cuando lancé unos cuantos objetos al mar seguidos de la botella cuyo mensaje estás leyendo. Si te ha llegado, es porque el destino ha querido que seas un pescador de sueños. De modo que, para que tomes mi relevo, te regalo mis herramientas: una red para pescarlos, una espada para luchar por ellos contra viento y marea, una pluma para escribirlos en un libro de tinta indeleble que te recordará todos los días cuáles eran, cuáles has cumplido ya y los que te quedan por cumplir. Si de paso te da tiempo a cumplir los que yo no he tachado te estaré profundamente agradecido.”

La carta estaba firmada por “el viejo que pescó un tiburón”.

Me quedé perplejo, sin saber qué hacer y hojeé el libro para ver qué sueños no había tachado el anciano desconocido y ví que sólo había una linea escrita en todo el libro. Decía así:  “quiero ser feliz y hacer feliz a los demás”.

Cavilé y cavilé y cavilé. En ese momento yo no era feliz, había perdido mis juguetes irremisiblemente y no había repuesto…¿Cómo iba encima hacer feliz a los demás? Decidí comenzar por una tarea más sencilla. Cogí la pluma y comencé a escribir una lista con todos mis sueños.  Me dí cuenta de que la mayoría comenzaban con la frase “cuando sea mayor”, así que decidí escribir encima de todos, con letra pequeña y apretujada porque ya casi no cabía, mi sueño para los próximos minutos:

Mirar a la luna, guiñarle un ojo y meter mis nuevos juguetes en la red para que no se escapen

…..

En la orilla del mar un pescador cansado y encorvado por los años dormitaba sobre una silla de camping, mientras de vez en cuando por el rabillo del ojo miraba si la caña que estaba clavada en la arena se movía. Oteaba con ojos diminutos hacia el lugar en el mar donde creía que estaba el anzuelo. La luna,escorada de medio lado hacia poniente vigilaba su tarea y proporcionaba suficiente luz para que el viejo pudiera sonreir ténuemente ante las pequeñas olas plateadas que se dibujaban en la superficie del mar. De repente, algo le hizo salir de su letargo. A la orilla llegaba como un ejército en formación un enorme botín de juguetes que como espuma se dibujaban en el agua: un unicornio azul de marfil, un caballito de mar de madera, una sirena juguetona que guiñaba el ojo y mecía su rubia melena al viento, una tortuga que desesperada nadaba con sus patitas y que en realidad en la playa quería desovar sus crías, un burro de plástico marrón que ya no daba coces y realmente era la viva imagen de Platero y un patito de goma que más bien parecía un cisne salido de un lago.

El viejo nunca había visto cosa igual, se levantó jubiloso de la silla y con sumo cuidado se puso a coger con las cuencas de sus manos cada uno de los juguetes, que aunque en un instante se desvanecían en ellas, le hacían reírse como un niño.

Cuando hubo recogido todos los juguetes suspiró hondamente, miró a la luna, le guiñó un ojo y escribió en su bitácora de marinero en tierra:  hoy soy feliz.

Firmado:  el viejo que pescó un sueño

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4 pensamientos en “El pescador de sueños

  1. Hermoso cuento paradójico….sin fantasía la felicidad no existe….en mi caso particular…la realidad es mi mejor juguete y los que están dentro de ella…

    • Buen juguete tienes, pardiez, capitán pescador. Consérvalo como el mejor de tus tesoros…Yo en vez de subirme a un barco a pescar, recorro muros de trapecistas, titiriteros, gentes de las artes a las que regalar juguetes y recibir más aún de ellos.

  2. Muchísimas gracias me ha encantado y a mi lado, sin apenas darme cuenta, se ha acostado alguien que me ha dado un abrazo y un beso, muy suave, y luego se ha ido, sin apenas hacer ruido. Al despertar pude observar un papel, en blanco, que sólo tenía un agujero…me supongo que el unicornio me dejó su sello, una cornada amorosa…Besos. Me ha encantado.

    • Se cuenta que los unicornios son seres solitarios, que viven apartados y a los que el resto de los animales respeta. Se dice también que no se dejan ver más que por los puros de corazón, y que entre ellos, solo los más puros, los hechos de bondad y ternura, solo esos pueden tocarlos.

      Las leyendas cuentan también que los Unicornios, tan hermosos, tan sabios, tan majestuosos, tenían un punto débil (o no tanto, tal vez…) Siendo amantes de la belleza, a veces se dejaban llevar y cambiaban su libertad por el cariño y los cuidados de alguna dama hermosa, convirtiéndose casi en un animal doméstico que acudía a visitarla a la misma hora a su jardín. Por eso son frecuentes las imágenes que les retratan cerca de doncellas, dejándose cuidar por ellas.

      Gracias por tu bello comentario, Juan Francisco. Tu sensibilidad me abruma…

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