El Despertar de la Conciencia- Un camino que empieza en el desierto que llega a un oasis

El renacer de la conciencia

Cuando uno inicia un proyecto vital , lo reinventa o lo rompe todo para empezar de nuevo  con otras bases ha de hacer introspección. Es un ejercicio que a veces dura años para llegar a una conclusión que le pueda servir de base para dar un salto en su crecimiento personal.

Esto es al menos lo que a mi me ha pasado varias veces en mi vida. Sin embargo, en el origen me parece que es una cuestión de conciencia. Si me voy al diccionario la conciencia se define, según la RAE como la propiedad del espíritu humano de reconocerse en sus atributos esenciales y en todas las modificaciones que en sí mismo experimenta. Este concepto está claro que lo han desarrollado miles de filósofos y pensadores a lo largo de la historia, es el origen de las religiones y del pensamiento humano en general, de la que me atrevo a decir, que en realidad salen todas las disciplinas del conocimiento, la mayor parte de nuestras emociones y formas de actuar.

Cuando yo comencé a despertar, definiendo como tal la voluntad de hacer cambios radicales en mi vida, pasé por un largo proceso de interiorización, en el que en momentos consciente, otras intuitivamente y otras inconscientemente, fui dando pasos para desnudar mi esencia e ir dejándola libre de artilugios. Por supuesto, como ser humano imperfecto todavía estoy “on the road”, pero me veo más capacitada que hace algunos años para compartir mi experiencia con los demás, por si les aporta algo, sin ánimo de querer ser la luz de nadie ni competir con los muchos y muy buenos terapeutas que me leen y de los que también aprendo cada día en un intercambio muy enriquecedor. Porque dicho sea de paso, no lo soy ni lo pretendo ser.

En mi caso este renacer tuvo unos síntomas: angustia vital, estress, desmotivación por lo que estaba haciendo, falta de objetivos, cansancio, problemas de salud…El barco hacía aguas y después de meditarlo unos meses decidí hacer una ruptura radical. Me di cuenta de que mi estilo de vida tenía poco que ver con lo que sentía interiormente y tomé una decisión de la que, a día de hoy, y a pesar de los muchos sufrimientos, no me arrepiento en absoluto.

En esa búsqueda de la radicalidad, comencé a hacer memoria histórica. ¿De dónde vengo? Porque en ese momento, desde luego que no tenía ni idea de a dónde iba a ir. Pero busqué algo de solidez, pilares a los que agarrarme para no desesperar, aunque os puedo asegurar que hubo muchos momentos en que me sentí como una hoja al viento, desarraigada, sin norte y sin brújula que funcionara. Cuando empecé a verbalizar todo esto con mi primera terapeuta, comenzaron a aflorar recuerdos de infancia, de adolescencia y de los primeros pasos de mi vida adulta, donde el camino empezó a desviarse del trazado original que en realidad rigen mis valores. Me indujeron a expresar cuál era el motor de mi vida. Recordé mis batallas infantiles por hacerme un hueco, posicionarme y afirmarme desde mi diferencia, de haber comenzado ya a muy tierna edad a ser un espíritu libre, que defendía a los que estaban en la sombra y aportaba  a mis compañeros lo que iba aprendiendo en un entorno en el que era considerada muy exótica, por tener ascendencia alemana y vivir en un barrio obrero de una ciudad pequeña y tradicional en los 70. Recordé mis primeras lecturas cuando ya Los Cinco y Torres de Mallory no me servían. Cayeron en mis manos las biografías de Albert Schweitzer, Martin Luther King, Hellen Keller, Florence Nitingale, Ghandi…Años más tarde fueron Rigoberta Menchú, Frida Kahlo y Nelson Mandela, por sólo mencionar unos pocos.  En la actualidad, Leila Wanik y Sebastiao Salgado, Claudio Naranjo y Eduardo Galeano. Y en todos encontré un denominador común, que domina mi vida: la lucha por el empoderamiento de las “minorías” y las personas que han tenido la mala suerte (o quizá buena, porque les ha hecho herramentarse y hacerse más fuertes) de surgir de circunstancias muy adversas, la solidaridad, la independencia, la libertad, la búsqueda de un entendimiento intercultural desde la tolerancia y el cuidado de los demás, todo ello impulsado desde la imaginación y la creatividad. Curiosamente, o quizá por ello, estos valores conviven con más de una explosión de violencia (el Sturm und Drang). Esa es mi conciencia, mis atributos fundamentales, que pase lo que pase en mi vida, son irrenunciables. Desde ahí era natural que en mi adolescencia y primera juventud encaminara mis pasos a abrir mi conciencia hacia el resto del planeta y entender que al destruirla actuamos con soberbia, y olvidamos que somos sólo una parte ínfima del sistema, lamentablemente con un gran poder, por el hecho de actuar con  mala conciencia. Un ejercicio muy simple para entender lo pequeños que somos me viene desde mi experiencia como montañera. Mirar una montaña desde abajo, observar un inmenso torrente de agua, la perfección de la coordinación de una fila de orugas en un camino…hay muchos ejemplos.

Desde esta base, desde mi filosofía, entiendo hoy en día que puedo cambiar, reestructurar, reorientar o romper cualquier cosa que vea que no me sirva en un momento dado. Además, la experiencia vivida me dice que ahora ese tipo de rupturas, las puedo hacer sin grandes sufrimientos, más que los unidos al duelo por la pérdida, que es connatural a todo ser humano. Veo que ahora es el momento de dar un gran paso: poner en la práctica de forma responsable y acorde a mi visión el proyecto del Ciclo del Bien Común. Pero como cualquier proyecto, necesita de la aportación de todos, de sus valores, sus herramientas y sus talentos despertados. Este artículo es fruto de la inspiración aportada por una lectura de ayer, que debo a una de mis compañera en este proyecto, Paola Ostrowicz que ayer nos dejó esta delicia en su página www.somosarmonia.com : http://www.somosarmonia.com/momento-de-crisis-la-noche-oscura-del-alma/.

 

¿Y tú? ¿Cuáles son tus valores, tus anclas, aquello a lo que no renunciarías? Me encantaría que los compartieras conmigo y con el resto de los que quieran hacerlo porque será señal de que estamos despertando juntos.

Si te ha gustado este pequeño ejercicio y te apetece compartirlo en tus redes sociales hazlo. Quién sabe si para alguien pueda ser una Píldora contra la Apatía. Yo me encontré en mi camino a unos cuantos que me dieron altas dosis de estas píldoras. Aún recuerdo la primera que me dieron hace ahora 10 años: “si pusieras tanta energía en ser feliz como la que pones en tu trabajo, serías probablemente una de las personas más felices del mundo”. Estepona, mayo de 2005. Curioso…

 

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